PANAMÁ: VENTAJAS Y DESVENTAJAS DEL HUB DE LAS AMÉRICAS, DE SU MODELO ECONÓMICO Y DE SU OFERTA PAÍS

Panamá tiene algo que casi ningún país en América Latina logró, funcionar, y no hablo de funcionar perfecto, hablemos claro, ningún país es perfecto, pero mientras el resto de la región se debate entre crisis económicas, inflaciones que se comen los salarios y sistemas que parecen estar diseñados para no avanzar, Panamá simplemente funciona. Cómo es posible, qué tiene este pequeño país que los demás no tienen. La respuesta va a sorprenderte porque no es suerte, no es azar, y definitivamente no es magia. 

Empecemos con algo brutal, Panamá es el país más desigual de América Latina y sin embargo su economía crece, atrae inversión extranjera como un imán y su moneda que técnicamente ni siquiera existe como tal es una de las más estables del continente. Cómo un país con tanta desigualdad puede funcionar económicamente mejor que el resto, ahí está la paradoja y para entenderla tenemos que viajar en el tiempo. 

Todo empieza con una obsesión geográfica, Panamá no eligió ser el puente del mundo, la naturaleza lo decidió por él, ese pedacito de tierra que conecta América del Norte con América del Sur, siempre fue estratégico, desde antes de que existiera Colombia, desde antes de que existiera siquiera el concepto de América Latina, ese territorio ya era codiciado, los españoles lo entendieron rápido, cruzar mercancías por ahí era más rápido que rodear todo el continente, y así nació Portobelo uno de los puertos más importantes del imperio español donde se movía el oro del Perú hacia Europa, pero acá viene lo fascinante, Panamá nunca fue tratado como un destino, fue tratado como un paso y eso marcó su ADN económico para siempre, no era un lugar donde producir, era un lugar por donde pasar y cuando pasas pagas, esa lógica de cobrar peaje por estar en medio, de vivir del tránsito se convirtió en el modelo económico panameño durante siglos y sigue siendo así hoy. 

Avancemos al siglo XIX, Panamá era parte de Colombia, pero siempre fue la provincia rebelde, la que no encajaba porque mientras Colombia miraba hacia sus montañas y sus cafetales Panamá miraba al mar y cuando Estados Unidos decidió que necesitaba un canal para conectar el Atlántico con el Pacífico no le importó mucho lo que Colombia opinará. En 1903 con la ayuda estadounidense y un levantamiento armado que duró menos de un día Panamá se separó, no fue una guerra gloriosa fue un negocio y ese es el segundo ADN de Panamá, pragmatismo total. Estados Unidos construyó el canal y Panamá dejó que lo hiciera, a cambio recibió dinero, protección militar y una economía que giraba alrededor de ese canal. 

Durante décadas Panamá fue prácticamente un protectorado estadounidense. La zona del canal era territorio estadounidense en suelo panameño y eso generó tensiones enormes, claro hubo protestas, hubo muertos, hubo nacionalismo herido, pero también hubo algo más, una economía que crecía porque el mundo necesitaba cruzar por ahí y acá está el punto clave, mientras otros países latinoamericanos intentaban industrializarse, proteger sus mercados, crear industrias nacionales, Panamá hacía lo contrario, abría las puertas, no fabricaba nada, pero facilitaba todo, no competía en producción, competía en servicios, y eso aunque suene simple es revolucionario en una región obsesionada con la sustitución de importaciones y el nacionalismo económico. 

Ahora saltemos a 1999, ese año Estados Unidos le devolvió el canal a Panamá, muchos pensaron que el país colapsaría, que sin los gringos manejando el canal todo se iría al fracaso, pero pasó lo contrario, Panamá tomó el control, profesionalizó la operación, y el canal se convirtió en la máquina de hacer dinero más eficiente de América Latina, hoy el Canal de Panamá genera miles de millones de dólares al año y ese dinero no solo viene de los barcos que cruzan, viene de todo el ecosistema que se construyó alrededor puertos, logística, almacenes, zonas francas, bancos, porque ahí está el otro secreto de Panamá, entendió que su negocio no era solo el canal, sino que también era ser el hub de toda la región, un hub financiero, un hub logístico, un hub aéreo, Copa Airlines la aerolínea bandera conecta más destinos en América latina que cualquier otra, por qué, porque Panamá está en el medio literalmente, si quieres ir de Buenos Aires a Ciudad de México probablemente pases por Panamá, si una empresa europea quiere operar en Latinoamérica probablemente ponga su sede regional en ciudad de Panamá, si un barco necesita reabastecerse entre Asia y la costa este de Estados Unidos probablemente pare en Panamá. 

Todo esto funciona porque Panamá hizo algo que pocos países latinoamericanos se atreven a hacer, renunció a tener moneda propia, sí, el Balboa existe pero es solo nominal, en la práctica Panamá usa el dólar estadounidense desde 1904, sabes lo que eso significa, que no puede imprimir dinero para salir de las crisis, que no puede devaluar su moneda para hacer trampa, que está obligado a ser disciplinado y eso aunque suene restrictivo generó confianza para invertir, confianza para ahorrar, confianza para hacer negocios a largo plazo. Mientras Argentina devalúa el peso cada dos años, mientras Venezuela destruyó el Bolívar ,mientras otros países juegan con sus monedas como si fueran fichas de casino ,Panamá simplemente usa dólares y eso lo hace predecible y en economía la previsibilidad vale oro, pero ojo, no todo es color de rosa, Panamá tiene problemas brutales, la desigualdad es obscena, hay zonas de ciudad de Panamá que parecen Miami y a 20 minutos hay comunidades sin agua potable, el 20% más rico del país controla más del 50% de la riqueza y las comunidades indígenas que son el 12% de la población están prácticamente marginadas del modelo económico, entonces cómo es posible que Panamá funcione con tanta desigualdad, porque su modelo económico no necesita que todos estén bien para generar crecimiento, necesita que el canal funcione, que los bancos funcionen, que los vuelos despeguen, que los contenedores se muevan, y para eso no necesita incluir a toda la población, suena cruel pero es la realidad y acá viene lo increíble, a pesar de esa desigualdad Panamá tiene una estabilidad política que muchos países envidian, no ha tenido golpes de Estado en décadas, no tiene guerrillas activas, no tiene crisis constitucionales cada seis meses, por qué, porque las élites que controlan el poder tienen demasiado que perder si el sistema colapsa, el canal sigue funcionando, los bancos siguen operando ,y mientras eso pase hay incentivos para mantener la paz, es un equilibrio frágil sin duda ,pero es un equilibrio y eso ya es más de lo que muchos países de la región pueden decir ,ahora qué pasa con la corrupción porque seamos honestos, Panamá no es precisamente un ejemplo de transparencia, los Panamá papers destaparon uno de los escándalos de evasión fiscal más grandes de la historia, el país es un paraíso fiscal, un lugar donde el dinero del mundo se esconde, y eso genera preguntas incómodas, Panamá funciona porque es corrupto o funciona a pesar de serlo, la respuesta es compleja. 

Panamá construyó su economía sobre la opacidad financiera, eso atrajo capital, sí pero también atrajo capital sucio, lavado de dinero, evasión fiscal, empresas fantasma, todo eso existe pero al mismo tiempo esa misma opacidad generó un sistema bancario robusto con liquidez con confianza internacional, es una paradoja ética lo que lo hace atractivo, también lo hace cuestionable y sin embargo si le preguntas a un inversionista dónde prefiere poner su plata en Latinoamérica, muchos te van a decir Panamá, no por moral, sino por pragmatismo porque ahí las reglas del juegos están claras aunque sean turbias, porque al final del día en una región donde las reglas cambian cada vez que cambia el gobierno, tener reglas predecibles, aunque no sean perfectas ya es una ventaja enorme y Panamá entendió eso antes que nadie. 

Hablemos ahora de algo que casi nadie menciona cuando habla de Panamá, su identidad nacional, o mejor dicho la falta de una identidad única y monolítica. Panamá es un país de migrantes desde su fundación, chinos, afrodescendientes, europeos, hindúes, árabes, venezolanos ,colombianos, todos llegaron a Panamá en algún momento y todos dejaron su huella. Caminas por ciudad de Panamá y escuchas 10 idiomas distintos, en una cuadra ves templos budistas al lado de mezquitas, al lado de iglesias católicas y esto no es casual es parte del modelo. Panamá necesitaba mano de obra para construir el canal, necesitaba comerciantes para manejar el tránsito de mercancías, necesitaba cerebros para operar un sistema financiero complejo y los trajo de todos lados no había romanticismo nacionalista, de somos todos iguales, había necesidad económica y esa necesidad creó una sociedad multicultural caótica desigual pero funcional, ahora eso significa que Panamá es un paraíso de integración, no para nada, hay racismo, hay clasismo, hay discriminación, pero hay algo que Panamá tiene y que muchos países no, una cultura de convivencia forzada por la economía, no es que se amen todos, es que necesitan trabajar juntos para que el sistema siga girando, y eso genera una tolerancia pragmática, no es ideal pero es efectiva y si eres parte de esta Comunidad de mente abierta sabes que lo nuestro no es solo mirar el mundo, es entenderlo juntos, y entender que Panamá es un país que puede funcionar sin ser perfecto, sin ser justo, sin ser ejemplar, puede funcionar siendo eficiente y esa eficiencia aunque incómoda es lo que lo diferencia del resto. 

Ahora viene el punto de giro, el momento en que todo esto empieza a tambalear porque el modelo panameño, ese que parecía invencible tiene grietas y son grietas profundas, la primera el cambio climático, el Canal de Panamá depende del agua dulce del lago Gatún para funcionar, sin agua no hay canal y con las sequías cada vez más severas. El nivel del agua ha bajado tanto que en 2023 tuvieron que reducir el número de barcos que podían cruzar por día, menos barcos menos ingresos y si el clima sigue empeorando el canal podría volverse inviable en décadas, la segunda grieta es la competencia, Nicaragua lleva años hablando de construir su propio canal con ayuda China, aún no se concretó pero la amenaza existe y aunque el proyecto tiene problemas técnicos y ambientales enormes el solo hecho de que se hable de alternativas ya pone presión sobre Panamá porque si el canal deja de ser el único camino Panamá deja de ser el único hub y ahí se cae todo el modelo, la tercera grieta, la desigualdad social, durante décadas el crecimiento económico logró mantener a raya el descontento, había trabajo, había migración, había movilidad pero esa movilidad se está frenando, las nuevas generaciones de panameños ven como el país crece pero no sienten que ese crecimiento les llegue y eso genera frustración y la frustración si no se canaliza explota, en 2022 hubo protestas masivas en Panamá, miles de personas en las calles bloqueando carreteras exigiendo mejores condiciones de vida, no fue una revolución pero fue una advertencia, una señal de que el contrato social panameño, ese que dice tu trabajas, yo crezco y todos ganamos, algo se está rompiendo y si ese contrato se rompe, el modelo colapsa, entonces qué hace Panamá diferente al resto de América Latina, la respuesta no es una sola cosa, es una combinación de geografía, historia, pragmatismo y suerte, pero sobre todo es una decisión consciente de construir una economía de servicios no de producción, de ser el intermediario, no el protagonista, de cobrar peaje, no de construir fábricas, y eso tiene ventajas y desventajas, la ventaja es que creces rápido, atraes inversión, te vuelves estable, la desventaja es que tu economía depende de factores externos, si el comercio mundial se frena tú te frenas, si otro país construye un canal mejor tu pierdes, si el clima arruina tu fuente de agua, tu colapsas. 

Panamá apostó todo a ser indispensable y hasta ahora la apuesta funcionó, pero el futuro es incierto. Ahora qué podemos aprender del caso panameño, porque este no es solo un escrito sobre un país, es un escrito sobre modelos económicos, sobre decisiones estratégicas, sobre cómo un lugar pequeño puede competir con gigantes y la lección más importante es esta, no siempre tienes que producir para ganar, a veces solo tienes que conectar, piensa en Amazon, no fabrica casi nada, conecta a compradores con vendedores y es una de las empresas más valiosas del mundo, piensa en Uber, no tiene taxis, y conecta conductores con pasajeros. Panamá hizo lo mismo, pero a escala nacional, se convirtió en la plataforma que conecta al mundo y cobró por eso, tú qué piensas, te gustaría vivir en un país así, un país que funciona económicamente pero que tiene desigualdades brutales. Por qué Panamá funciona y el resto no, porque el resto intentó hacer todo a la vez, intentó industrializarse, proteger su mercado, crear empleo local, tener soberanía económica, y no es que esas cosas estén mal, pero son difíciles, requieren capital, tecnología, tiempo, estabilidad, y la mayoría de los países Latinoamericanos nunca tuvo todo eso al mismo tiempo. Panamá en cambio no intentó ser todo, intentó ser uno, el puente y lo logró no porque fuera más inteligente sino porque tuvo la geografía adecuada y tomó las decisiones correctas en los momentos claves, aceptó ser pequeño, aceptó depender del exterior, aceptó no tener una industria nacional fuerte y a cambio construyó una economía de servicios que hasta ahora sigue funcionando, pero acá viene la reflexión incómoda, es replicable, pueden otros países Latinoamericanos copiar el modelo panameño, la respuesta honesta es probablemente no, porque no todos tienen un canal, no todos están en medio de las rutas comerciales más importantes del mundo, no todos tienen la estabilidad política necesaria para atraer inversión y no todos están dispuestos a renunciar a tener moneda propia. Uruguay por ejemplo tiene un modelo similar en algunos aspectos, es pequeño, estable, tiene una economía de servicios fuerte, pero no tiene el canal. Costa Rica también apostó a los servicios, al turismo, a la tecnología, pero no tiene la escala de Panamá. Chile intentó algo parecido en los 90 pero su economía sigue dependiendo del cobre. 

El modelo panameño es único porque Panamá es único y eso paradójicamente es su mayor fortaleza y su mayor debilidad, porque cuando tu ventaja competitiva depende de algo que no puedes replicar como una ubicación geográfica, estás atado a ese destino, no puedes moverte ,no puedes reinventarte fácilmente, si el canal deja de ser relevante, qué le queda a Panamá y ahí es donde la historia se pone interesante de nuevo, porque Panamá está tratando de diversificarse, está invirtiendo en turismo, en tecnología en ser un Centro de Convenciones internacionales, quiere ser el Singapur de América Latina, y tiene los recursos para intentarlo, pero la pregunta es puede un país cambiar su ADN económico después de un siglo haciendo lo mismo. Singapur lo logró, empezó como un puerto comercial y se transformó en un hub tecnológico y financiero de primer nivel, pero Singapur tiene algo que Panamá no tiene, un estado fuerte disciplinado, casi autoritario que puede imponer visiones a largo plazo sin que la política partidaria lo frene cada cuatro años. Panamá en cambio tiene una democracia volátil, con élites que cambian de bando según conveniencia, con un sistema judicial débil, y una corrupción endémica, y acá está el dilema, puede un país funcionar económicamente sin ser ejemplar institucionalmente, Panamá dice que sí y lo está demostrando, pero por cuánto tiempo más. Pensemos en lo que está pasando ahora mismo en el mundo, la globalización es el sistema que hizo a Panamá rico está en crisis, Estados Unidos y China están cada vez más enfrentados, las cadenas de suministro se están regionalizando, cada país quiere producir más localmente, depender menos del comercio internacional, y si el comercio internacional se reduce qué pasa con Panamá, es la gran pregunta del futuro y nadie tiene una respuesta clara, pero lo que sí sabemos es que Panamá no puede quedarse quieto, porque el mundo cambió muchas veces en la historia y los países que no se adaptan desaparecen o se vuelven irrelevantes que es casi lo mismo. 

Hablemos ahora de algo más humano porque detrás de todos estos números, estas políticas, estos modelos económicos, hay millones de personas viviendo sus vidas y la realidad panameña a nivel calle es contradictoria, por un lado, tienes una clase media que viaja, que estudia en el extranjero, que tiene acceso a servicios de primer mundo. Por otro lado tienes comunidades enteras que viven sin agua potable, sin electricidad estable, sin escuelas decentes, y lo más loco es que ambas realidades conviven a pocos kilómetros de distancia, caminas por el Casco Viejo de ciudad de Panamá, lleno de turistas, restaurantes caros, hoteles boutique, y a media hora estás en el Chorrillo, uno de los barrios más pobres del país donde la violencia es parte de lo cotidiano, esa es la cara oculta del modelo panameño, el crecimiento existe pero no es para todos y eso tarde o temprano pasa factura. Las comunidades indígenas por ejemplo están casi completamente excluidas del modelo económico, viven en comarcas semiautónomas con sus propias leyes, sus propias lenguas, sus propias formas de vida, y eso es valioso sin duda pero también significa que no tienen acceso a los beneficios del crecimiento, no tienen carreteras, no tienen hospitales, no tienen oportunidades, y cuando se quejan el gobierno los ignora, porque seamos brutalmente honestos que no son parte del motor económico, no operan el canal, no trabajan en los bancos, no mueven contenedores, es cruel pero es así, y esa exclusión sistemática es una bomba de tiempo, porque no puedes tener un país que funciona para el 30% de la población y esperar que el otro 70% se quede tranquilo para siempre. 

Ahora algo que me parece fascinante es como Panamá maneja su imagen internacional, porque si le preguntas a alguien de fuera de Latinoamérica qué sabe de Panamá probablemente te diga el canal y quizás los Panamá papers y nada más, es un país casi invisible en el imaginario global, no tiene una marca cultural fuerte como México, no tiene un Machu Picchu como Perú, no tiene un Messi como Argentina, y eso en cierto sentido es una ventaja porque no tiene expectativas que cumplir, no tiene una imagen que cuidar puede hacer lo que necesite hacer sin que el mundo opine, puede ser un paraíso fiscal sin que nadie lo cancele, puede crecer sin que nadie le exija que crezca de forma justa, pero también es una debilidad porque cuando no tienes identidad cultural fuerte es más difícil generar orgullo nacional, es más difícil pedirle a la gente que defienda un proyecto común cuando ese proyecto común es básicamente seamos el lugar por donde pasa la plata del mundo, compáralo con Costa Rica que construyó toda su identidad alrededor de la naturaleza, la paz, el pura vida o con Uruguay que se vende como el país más progresista de la región. Panamá no tiene eso, su identidad es funcional, no emocional, y eso a largo plazo podría ser un problema, pero volvamos a la pregunta central, porque el resto de América Latina no funciona como Panamá, porque el resto de América Latina no quiere ser Panamá, y eso no es malo, es una decisión, porque ser Panamá significa renunciar a ciertas cosas, significa aceptar desigualdad brutal, significa depender del exterior, significa vivir en la incertidumbre de que tu modelo económico podría colapsar si el mundo cambia. Argentina por ejemplo tiene los recursos naturales para ser potencia, pero eligió el populismo, la inflación, el proteccionismo. Brasil tiene el tamaño para dominar la región, pero eligió la corrupción sistémica, la burocracia asfixiante, la desigualdad extrema. México tiene la geografía perfecta para ser el puente entre Estados Unidos y Latinoamérica, pero eligió la guerra contra el narco, la violencia, la inseguridad. Cada país tiene sus razones, cada país tiene su historia, y cada país paga el precio de sus decisiones. Panamá eligió ser el intermediario y pagó el precio, desigualdad, dependencia, fragilidad, pero también cobró el premio, estabilidad, crecimiento, relevancia, y hasta ahora el premio fue mayor que el precio, pero el juego no terminó, porque en economía nada es para siempre, y Panamá lo sabe, entonces qué nos queda, qué podemos llevarnos de esta historia, yo creo que tres cosas, primero que el éxito económico no es lo mismo que el éxito social, Panamá crece pero no es justo y eso importa porque un modelo económico que no incluye a su gente es un modelo con fecha de vencimiento, segundo que la geografía sigue siendo destino en pleno siglo XXI, con internet, con globalización digital, con trabajo remoto, la ubicación física todavía importa y Panamá es la prueba viviente de eso, y tercero que no hay un solo camino hacia el desarrollo. Panamá hizo algo distinto al resto, no mejor, no peor, distinto y funcionó, pero eso no significa que sea el modelo a seguir, significa que hay que entender tu contexto, tus ventajas, tus limitaciones, y construir a partir de ahí.

Fuente: Video- ¿Por qué Panamá funciona, y la mayoría de América Latina no? / Mente Abierta.

Transcrito por Rolando E. Alvarez V.

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